Lo que la maternidad me ha enseñado sobre control e incerteza.
Día de la madre +1, 2026- Photo credit: Yo
Marzo de 2011. Mi hija estaba en cuidados intensivos. Mi jefe me llamaba para que volviera a la oficina.
Tenía los brazos llenos de vías. Antibióticos. Una infección grave al nacer que la dejó al borde de la meningitis. Cuando dejaban verla, yo la contemplaba, tan pequeña, tan frágil, y lo único que podía hacer era cantarle. Le cantaba mi versión adaptada de “quién es la que viene allí” del grupo chileno Los Tres. Le cantaba para que nos llegue algo dulce en medio del dolor. Cantarle, hablarle, acariciarla, y darle de lactar era lo único que me quedaba cuando todo lo demás estaba fuera de mi control.
Mientras ella luchaba, y yo supuestamente estaba en mi período de post natal, mi teléfono sonaba una y otra vez. Mi jefe, nuevo en ese entonces en su rol, me necesitaba. Mi cargo era demandante y tenía una serie de responsabilidades.
Antes de todo eso, antes de ser mamá, según yo, tenía el "plan perfecto": simplemente incorporaría a mi bebé a mi estructura de vida. Pero la vida tiene su propia agenda.
𝗘𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗷𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹
Antes de ese momento, yo vivía aferrada a la certeza. Tenía una carrera estable, un plan claro y la sensación de que, si me organizaba lo suficiente, podía manejar cualquier cosa. Y no era la única. Como plantea Adam Grant, hemos construido sociedades enteras intentando domesticar la incertidumbre: leyes, tecnología, estructuras, planificación. Yo también vivía bajo esa lógica de control.
Pero en esa sala de cuidados intensivos entendí algo que me cambió para siempre.
No estamos diseñados para vivir con garantías absolutas. Estamos diseñados para 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦𝘷𝘪𝘷𝘪𝘳 a la incertidumbre.
Durante miles de años, lo incierto fue la condición natural de la vida humana. Lo que ocurre es que nos hemos acostumbrado tanto a minimizarla, que cuando aparece algo que no podemos controlar, lo sentimos automáticamente como una amenaza.
Y quizás ahí está el verdadero desafío:
dejar de luchar obsesivamente por eliminar la incertidumbre… y aprender a habitarla sin perdernos a nosotros mismos.
𝗟𝗮 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗶𝘁𝗮𝗿 𝗹𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗱𝗼
Hay momentos donde ninguna decisión viene con garantías.
En medio de esa incertidumbre brutal, con mi hija grave, y diferentes diagnósticos, entendí que no podía controlarlo todo, pero sí podía elegir dónde estar presente. Elegí a mi hija. Renuncié a mi trabajo, a mi fuero maternal, y a la seguridad de mi carrera en ese momento.
No lo hice desde una valentía heroica. Lo hice desde la aceptación de que el amor nos obliga a entrar en territorios donde no existen mapas. Elegí habitar lo desconocido de su estado y de su recuperación por encima de la falsa seguridad de un escritorio.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝘁𝗲𝗿𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗺𝗲 ha 𝗲𝗻𝘀𝗲ñado 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹
Hoy lunes, mientras escribo esto, acabo de volver de subir un cerro en Golden con mi perra Trufa. Necesitaba un tiempo para mí después de una semana intensa: rutinas, trabajo, deportes de los niños, voluntariado, actividades extra de fin de año escolar, esa logística invisible que las madres conocemos tan bien.
Y en esa soledad que busqué hoy, pensé algo que quizás muchas mamás no se atreven a decir en voz alta: a veces queremos celebrar el Día de la Madre sin hijos alrededor.
Y está bien. Porque el resto de los días los celebramos con ellos, en sus rutinas, en las conversaciones, en las noches sin dormir cuando están enfermos, en las risas y regaloneos.
Mientras subía, escuchaba el podcast "The Curiosity Shop" (que me encanta!!). Justo una conversación entre Brené Brown y Adam Grant sobre la incertidumbre. Y pensé: la maternidad es, quizás, la experiencia más profundamente incierta que puede vivir un ser humano.
No hay manual. No hay garantías. Solo la decisión diaria de estar presente, dar lo mejor de ti, aunque no sepas qué viene después.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 voy 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱iendo 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗼
La fortaleza emocional no viene de eliminar la incertidumbre, sino de desarrollar la capacidad de permanecer presentes dentro de ella.
Cuando mi hija estaba en cuidados intensivos, encontré claridad interior cantándole. No podía controlar su diagnóstico, pero podía darle mi voz, mi presencia, mi amor.
Cuando renuncié a ese trabajo, construí comunidad. Me apoyé en mi familia, en amigas, en personas que me sostuvieron cuando yo no podía sostenerme sola. Uno de mis CÓMOs (mi filosofía de vida) es "Hazlo acompañada" (“Do it together”). La incertidumbre se habita mejor cuando tienes una red de soporte.
Y cuando el camino se puso confuso, hice mi parte. Avancé con lo que tenía. Di lo que pude dar, y solté lo que tenía que soltar. Porque otro de mis CÓMOs es "Mira hacia arriba" (no hacia el techo, hacia el cielo): confiar en que el universo ya sabe cuál es su parte.
La duda es terrible, es incómoda, a veces dolorosa. Pero es la que te permite cuestionar, aprender y evolucionar. Sin ella, no hay crecimiento.
𝟭5 𝗮ñ𝗼𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂é𝘀
Hoy, esa bebé, Laura, cuya situación fue tremendamente crítica al nacer, tiene 15 años.
Y todavía, muchas noches, me pide que le cante “quién es la que viene allí”.
Ese vínculo inquebrantable nació justamente ahí: en una sala de cuidados intensivos donde ninguna de las dos tenía el control de nada. Y donde yo aprendí que la vida no se trata de alcanzar un destino donde todo esté bajo control, sino de aprender a caminar con paso firme, con el corazón abierto, incluso cuando no vemos el final del sendero.
✎ ¿Qué es lo que te ayuda a ti a habitar la incertidumbre?